Educación emocional


La E.E es la capacidad de identificar las propias emociones y las de las/los demás, dándoles nombre y razón de ser para establecer una conducta óptima y eficaz.
Algunos autores recalcan que la educación emocional es el resultado de la inteligencia intrapersonal y la inteligencia interpersonal. Aunque, independientemente del nombre, estarían hablando del mismo concepto.

"Mirar hacia dentro para ejecutar fuera, mirar al otro para entenderlo y poder lidiar con su alegría y sufrimiento" Así es como percibo la inteligencia emocional.

Por otro lado, tener habilidades sociales forma parte del currículum personal, visible y palpable. Son vitales, especialmente porque no podemos dejar de interactuar con el mundo, ni podemos evitar ser seres necesitados de atención.
Las habilidades sociales pueden ser primarias o secundarias. Las secundarias no pueden desarrollarse sin las primarias. Un ejemplo de cada sería: entablar una conversación, como primaria; o presentar una queja y debatir acerca de un tema, como secundaria.
Asimismo, recordar que el mundo es un lugar competitivo, en el que cada vez se demandan más personas entusiastas y motivadas, que sepan trabajar en grupo y que lideren.
Las habilidades sociales son esenciales para el desarrollo en todos los campos, y no podemos escapar a su frecuente demanda.

Ahora bien, las habilidades sociales pueden aprenderse, pero la base es la inteligencia emocional, y esta capacidad es más profunda y complicada de asumir.

Recordar que hasta hace relativamente poco, se pensaba en el ser humano como el resultado de la interacción con el medio (conductismo) y/o producto de sus propios razonamientos (cognitivismo). No fue hasta la llegada de la Psicología Humanista que el ser humano pasaba a convertirse en un ser extremadamente complejo, en el que convergen pensamientos, razón, emociones y sentimientos. Un ser extraordinario en el que rezuman la libertad, la responsabilidad, la autonomía y la dignidad.
De modo que, de un ser humano clasificado como auténtico logro de la naturaleza, no se podía esperar más la mirada de animal instintivo, emocional, prematuro. Sino un ser complejo, dotado de cualidades únicas en el Universo, entre ellas la capacidad de verse así mismo, y ver a los demás.

La inteligencia emocional es, a mi criterio, no solo la base para el aprendizaje de habilidades sociales, sino para toda forma de empatía. Y no podía esperarse menos. Porque si estar juntos es una necesidad, tener los medios para conseguirlo es un derecho. Para mirar hacia fuera primero hay que mirar hacia dentro.


Ser inteligentes emocionalmente no ha sido la obsesión de nuestros padres ni educadores. Más bien, ha sido almacenar conocimientos básicos y universales, trabajar la inteligencia logístico-matemática, medir el coeficiente intelectual. Pero el coeficiente intelectual no es garantía de éxito en la vida (ni a lo lejos). El éxito en la vida consiste en el número de personas que te miran a los ojos y ven en ti a un ser que las comprende. El verdadero éxito no se esconde detrás de los cálculos, sino de las emociones y sentimientos.

Es importante entender que somos lo que pensamos y sentimos, el fruto de nuestro mundo interior; y debemos reconocer eso mismo en los demás. Silenciar las corrientes naturales del interior, las emociones y los sentimientos, solo puede traer problemas.

Así que ¡ve a un espejo a darte las gracias por ser tan extraordinario/a, y empieza a expresar lo que eres y sientes!

Más adelante hablaré de la inteligencia emocional en el mundo de los niños.


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